lunes, 14 de marzo de 2011

para cuándo ...

Para cuando regreses
te dejo la luz despierta
y este corazón
dibujado en la fachada
para que reconozcas
la casa encendida
y no tengas siquiera una duda
y entres como siempre
hasta donde mis brazos
se convierten en tu torso

para cuando vuelvas
he alquilado una melancolía
para hablarte del amor
de las dignidades del cuerpo
tendidos en otras pieles
de los deseos y sus alrededores
o tal vez
de las cartas que aún guardo
en mis bolsillos

para cuando regreses
estaré llena de oportunidades
y tendré los dedos
cubiertos de la espera aprendida
y pediré canciones
o cantaré para tu sed
y será el tiempo un malestar
diluido en tu presencia

para cuando vuelvas
habré tenido algunos sexos
y muchos ojos
y alguna duda
que cambiará de parecer
cuando oiga tu perfume
avanzar por el pasillo
y seremos entonces
como debimos serlo
un único sombrero
una letanía perpetua
un querer estar queriendo
un saber que estás aquí
un deseo de que sea para siempre
aunque siempre no exista
más que en mi voz
una eternidad mientras dure

para cuando regreses
para cuando vuelvas

para que sepas
que jamás desesperé.

Kiko Gómez

martes, 8 de marzo de 2011

Mujer que dice chau

Me llevo un paquete vacìo y arrugado de cigarrillos Republicana y una revista vieja que dejaste aquì. Me llevo los dos boletos últimos del ferrocarril. Me llevo una servilleta de papel con una cara mía que habías dibujado, de mi boca sale un globito con palabras, las palabras dicen cosas còmicas. También me llevo una hoja de acacia recogida en la calle, la otra noche, cuando caminábamos separados por la gente. Y otra hoja, petrificada, blanca, que tiene un agujerito como una ventana, y la ventana estaba velada por el agua y yo soplé y te ví y ése fue el día en que empezó la suerte.

Me llevo el gusto del vino en la boca. (Por todas las cosas buenas, decíamos, todas las cosas cada vez mejores, que nos van a pasar).

No me llevo ni una sola gota de veneno. Me llevo los besos cuando te ibas (no estaba nunca dormida, nunca). Y un asombro por todo esto que ninguna carta, ninguna explicación, pueden decir a nadie lo que ha sido.

Eduardo Galeano